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Qué es la fobia dental y cómo combatirla

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La fobia dental u odontofobia es un problema más usual de lo que imaginamos. Se estima que, sólo en Alemania, la padecen en torno a cinco millones de personas. En España, entre el cinco y el nueve por ciento de la población evita ir al dentista por esta patología. Se trata de un miedo extremo e intenso al odontólogo y a sus tratamientos, que puede desencadenar ataques de pánico, con sudoración abundante y temblores incluidos.

Existen ciertos rasgos que están presentes en la mayoría de los afectados. Suelen avergonzarse de sus miedos, tienen escasa confianza en los profesionales médicos y daños dentales profundos, que exigen tratamientos o intervenciones algo más complejos que las normales o habituales.

Los estímulos que mayor ansiedad ocasionan son los que tienen que ver con la anestesia, el ruido de la turbina, la bata blanca del dentista, el hecho de estar tumbado hacia arriba, ver las agujas, no poder cerrar la boca cuando se desea, no poder tragar, el dolor de las extracciones etc. Las respuestas fisiológicas a la fobia dental se traducen en rigidez muscular, palpitaciones, respiración acelerada, sequedad de la boca, mareos etc. También existen otras manifestaciones cognitivas y motoras.

Es importante reducir la fobia dental, porque ello contribuye a aumentar la tolerancia al dolor y a conseguir un mejor postoperatorio.

Evitar y superar el miedo al dentista

El dentista tiene un papel trascendental a la hora de prevenir y manejar la fobia dental de sus pacientes. Desde el momento en el que se pide cita hasta el final de la consulta, el trato y las explicaciones detalladas ayudan a evitar la ansiedad e intranquilidad de aquéllos. Para lograr que sus experiencias no sean traumáticas pueden realizarse las siguientes acciones:

  • Poner música ambiental que logre atenuar el ruido de la turbina.
  • Ambientar adecuadamente la consulta.
  • Transmitir sensación de control al paciente.
  • Impedir la entrada de acompañantes en ciertos tratamientos (verlos resulta más doloroso que sentirlos en primera persona).
  • Crear una atmósfera de confianza, llamar al paciente por su nombre e indicarle que se puede detener el proceso en el momento que estime oportuno.
  • Reducir al máximo el tiempo de espera en la sala.

La relación dentista paciente es, por tanto, crucial para vencer esta fobia. El segundo debe hacerle saber a su odontólogo el tipo de miedo que le bloquea y ser consciente de que los tratamientos se efectúan para solucionar problemas de salud y no para provocar dolor o traumas. Existen distintos caminos para vencer la odontofobia, el afectado debe utilizar el que más le convenza y solicitar apoyo profesional cuando no pueda ganarle la partida al miedo por sí mismo.

En cuanto a los tratamientos para combatir este tipo de patologías, destacan las terapias de comportamiento y las medicamentosas. Las primeras incluyen programas de relajación y respiración, desensibilización sistemática o exposiciones graduales al elemento que causa la fobia.

Conclusiones

Siempre hemos oído decir que enfrentarse a las fobias es la mejor forma de vencerlas y el caso que nos ocupa no es una excepción. Identificar los motivos y causas del miedo que nos atenaza, solicitar información detallada, acudir a un profesional de confianza, hacer una pequeña preparación mental previa, confesar el miedo al llegar a la consulta y hablar con el dentista sobre la fobia en cuestión son útiles consejos para controlar y sobrellevar el problema.

La superación de la odontofobia implica consecuencias doblemente positivas. Al margen de solventar el problema psicológico, se contribuye decisivamente a mejorar la salud bucodental del paciente, quien probablemente dejará de aplazar los tratamientos odontológicos por ese miedo extremo al dentista.